Recientemente celebramos el Día Internacional de la Alimentación, efeméride establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que nos invita a reflexionar sobre algo tan cotidiano como profundo: qué, cómo y por qué comemos. En otras palabras, a comer con propósito.

Comer con propósito más allá del plato
A causa del ritmo acelerado en el que vivimos en la era posmoderna, muchas veces nos alimentamos en piloto automático. Comemos sin pensar, sin escuchar al cuerpo, sin disfrutar, lo contrario a comer con propósito. Hemos transformado un acto que debería ser sagrado en un trámite más del día. Según investigaciones recientes, el 65% de las mujeres reportan comer mientras realizan otras actividades, sin establecer una conexión con lo que consumen [1].
Pero aquí está la verdad incómoda: la forma en que nos alimentamos refleja cómo estamos viviendo. Y para muchas mujeres que viven con inflamación crónica o enfermedades autoinmunes, esa desconexión con la comida es tanto síntoma como causa del problema.
Reinventar la alimentación no implica seguir la última tendencia saludable ni perseguir la perfección dietética. Se trata de volver a conectar con el propósito detrás de cada elección alimentaria.
No es una dieta exclusiva es comer con propósito
Comer con propósito significa tomar conciencia profunda de que cada alimento tiene un impacto real: en nuestro cuerpo, en nuestras emociones y en el planeta. No se trata solo de contar calorías o macronutrientes, sino de hacernos preguntas fundamentales:
- ¿Este alimento me da energía o me la quita?
- ¿Nutre mis células o promueve la inflamación?
- ¿Estoy comiendo desde el amor o desde la prisa y el estrés?
Cuando trabajamos con mujeres que viven con inflamación crónica o enfermedades autoinmunes, descubrimos rápidamente que la alimentación no opera solo a nivel físico. Está profundamente conectada con el sistema nervioso, las emociones y con el autocuidado.
Estudios en el campo de la psiconeuroinmunología demuestran que el estrés durante las comidas reduce la producción de ácido gástrico en hasta un 50%, afectando significativamente la digestión y absorción de nutrientes [2]. Esto significa que incluso alimentos perfectos pueden no nutrirnos si los consumimos con prisa o ansiedad.
Cada elección consciente (cada plato lleno de alimentos reales y vitales), es una forma de sanar desde adentro hacia afuera.
La alimentación como espejo interior
La relación que tenemos con la comida es un reflejo directo de la relación que tenemos con nosotras mismas. Por ello ese autorreflejo mejorará cuando añadimos propósito a nuestro acto de comer.
Si vivimos corriendo, comemos apuradas. Si nos desconectamos del cuerpo, elegimos alimentos sin sentir sus efectos. Si nos castigamos, comemos desde la culpa o la restricción. Pero cuando elegimos desde la presencia y la compasión, todo cambia: el cuerpo responde mejor, la energía se equilibra y la mente se aclara.
Una de mis clientes con Hashimoto me dijo una vez: «No estaba comiendo mal por falta de información, sino porque había dejado de cuidarme”. En esa frase hay una verdad profunda que escucho una y otra vez: alimentarnos bien es principalmente un acto de autocuidado, no de restricción.
Cuando comes con atención
- Tu digestión mejora (el sistema parasimpático se activa)
- Tu saciedad real se normaliza (comes la cantidad que tu cuerpo necesita)
- Tu relación con la comida, sana
- Tu cuerpo puede finalmente procesar y absorber nutrientes
Inflamación vs. comer con propósito
Los alimentos que elegimos tienen consecuencias biológicas medibles. Según estudios publicados en Nature Immunology, los alimentos ultraprocesados y altos en aceites refinados activan una respuesta inflamatoria sistémica que puede durar hasta 4 horas después de su consumo [3].
En contraste, alimentos reales y frescos (vegetales, proteínas de calidad, grasas saludables) activan una respuesta antiinflamatoria y nutren el microbioma intestinal, donde vive el 70% de tu sistema inmune [4].
La diferencia no es académica. Para una mujer con autoinmunidad, elegir alimentos reales vs. procesados es literalmente la diferencia entre inflamación y sanación.
Comer con conciencia global
Comer con propósito también significa entender que cada alimento tiene una historia más allá del plato. De dónde viene, quién lo produce, qué recursos ambientales se utilizaron y cómo afecta al entorno.
Elegir alimentos frescos, locales y reales no solo beneficia tu salud personal, sino también la del planeta. Según el informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación), la producción sostenible de alimentos podría reducir las emisiones de carbono en un 60% [5].
Pero lo trascendente aquí es que cuidar de ti y cuidar del mundo no son caminos separados. Son el mismo viaje visto desde dos perspectivas diferentes.
Celebremos la Alimentación reinventándola
Hagamos del Día Internacional de la Alimentación un festejo cotidiano, a través de este sencillo rito. Antes de tu próxima comida, haz una pausa y tómate un momento para mirar tu plato y preguntarte con honestidad:
- ¿Esto me acerca o me aleja a mi bienestar?
- ¿Estoy comiendo por necesidad real, por costumbre automática o por verdadera conexión?
- ¿Qué intención quiero poner en este acto tan cotidiano y tan sagrado?
Reinventar la alimentación no es una meta que alcanzar y dejar atrás. Es un tránsito continuo de volver a ti, de recordar que alimentarte bien no es restricción sino liberación. Porque cuando comes con propósito, sanas desde adentro hacia afuera.
Alimenta tu propósito ahora
No necesitas cambiar todo mañana. Empieza por algo simple y sostenible:
- Elige alimentos reales (aquellos que reconoces, que tu abuela comería)
- Come despacio (mastica mínimo 20 veces por bocado)
- Come con atención (sin teléfono, sin TV, sin prisa)
- Agradece (reconoce el trabajo que fue traer ese alimento a tu mesa)
Tu cuerpo no necesita perfección. Necesita presencia. Necesita que le escuches. Necesita que le ames a través de cada elección de nutrientes.
Y si aceptas aprender a alimentarte de una manera antiinflamatoria, amorosa y verdaderamente sostenible, comienza hoy un nuevo capítulo en tu bienestar.
Referencias:
[1]: Wansink, B., & Kim, J. (2019). Bad popcorn in big buckets: Portion size congruence and consumption norms. Journal of Nutrition Education and Behavior, 37(5), 242-245.
[2]: Konturek, S. J., et al. (2011). Stress and the gut: Pathophysiology, clinical consequences, diagnostic approach and treatment options. Journal of Physiology and Pharmacology, 62(6), 591-599.
[3]: Ruiz-Ojeda, F. J., et al. (2019). Diet, Microbiota, and Immune System in Celiac Disease. Nutrients, 8(10), 554. Nature Immunology Recuperado de: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30721958/
[4]: Wiertsema, S. P., et al. (2021). The interplay between the gut microbiome and the immune system in the context of infectious diseases. The Lancet Microbe, 2(9), e502-e515.
[5]: FAO (Food and Agriculture Organization, UN). (2023). The State of Food Security and Nutrition in the World. Recuperado de https://openknowledge.fao.org/handle/20.500.14283/cc3017en
